
Salvar el mundo
sin perder el estilo

El fast fashion es una de las industrias más contaminantes del planeta después de la industria petrolera, pero la lucha de Paula Guevara fundadora de Cultura Vintage resulta clave para contribuir hacía un país más sostenible, junto a más emprendimientos.
Por:
Juliana Posada Vivas

Paula Guevara, estudiante de Medicina y fundadora de Cultura Vintage.
Foto: Tomada por Juan Carlos Usnas
Como respuesta a la moda rápida o fast fashion, la moda sostenible busca transformar la industria textil adoptando una perspectiva ecológica que integre tanto a los productores como a los consumidores. En estos tiempos, la moda sostenible vive una época dorada, probablemente por concientizar más el impacto ambiental de la ropa que utilizamos. No en vano, la industria de la moda "es responsable de entre un 4 y 10 % de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero".
Este concepto engloba prácticas respetuosas con el medioambiente y con todas las personas que trabajan en la industria textil en el diseño, confección y consumo de modas respetuosas. De ahí que la moda sostenible se interese por cuestiones como la reducción de las emisiones de CO₂, la sobreproducción de prendas, la disminución de los niveles de contaminación, la acumulación de residuos textiles, el apoyo a la biodiversidad y el fomento de condiciones laborales justas y salarios dignos a sus trabajadores.
Si tenemos en cuenta que existen tan pocas firmas o emprendimientos de moda que, comprometidas con la sostenibilidad, puedan abordar el problema desde todos los ángulos al mismo tiempo, e incluso si preguntamos a aquellas que lo hacen, la respuesta será que siempre hay margen para seguir mejorando y crecer de manera sostenible.
No obstante, ¿Cuál es la economía detrás de estas marcas de ropa de moda rápida?
El fast fashion ha creado un nuevo paradigma económico en la industria de la moda.
Su enfoque en la eficiencia de costos y la rapidez ha transformado no solo cómo se producen y venden las prendas, sino también cómo los consumidores las perciben y las compran.
Este modelo ha generado enormes ganancias para las empresas, son los mayores culpables en estar alimentando las brechas de la desigualdad social y producir en masa llevando a consecuencias nefastas para el planeta comprar prendas que se nos presentan como “sostenibles” no es suficiente para atajar el problema de raíz, sino que hace falta que nos replanteemos, de arriba abajo, cómo son nuestros hábitos de consumo y que actitud tenemos respecto a la ropa que compramos.

es por esto que terminamos usando solo el 20% de las prendas de nuestro closet el 80% del tiempo.
Foto: Tomada de Unplash
Desde su creación, Grupo Inditex SA Se dedica por completo a la actividad textil y a la industria de la moda .
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Foto: Tomada de Pixabay
Somos lo que compramos
“Uno de los protagonistas en esta controversia es Inditex gigante español de la moda propietario de Zara, Pull & Bear o Bershka,acusada de contribuir significativamente a las emisiones de gases de efecto invernadero al transportar toneladas de ropa por avión, a pesar de sus objetivos de sostenibilidad”

Desde su creación, Grupo Inditex SA Se dedica por completo a la actividad textil y a la industria de la moda .
Foto: Tomada de Unplash

Foto: Tomada de Unplash
Identificar que no es moda sostenible es muy fácil, puesto que día a día siguen existiendo marcas que están en el ranking de ser las más contaminantes en todo el mundo, tales como: Zara, Bershka, Pull&Bear, Stradivarius, Forever 21, GAP, Mango, marcas que todo el tiempo están produciendo moda, aunque, hay algo más a fondo y es que no producen calidad, son prendas que te van a durar seis meses o un año, teniendo como resultado tenerte a ti como consumidor en medio de un círculo vicioso de estar comprando y votando.
Prácticamente, tendencia hoy, basura mañana.
Es aquí donde Inditex, una de las empresas textiles españolas más grandes del mundo a mano del magnate Amanancio Ortega y que está detrás de todas las marcas mencionadas, ha tenido un papel muy destacado en esta historia. Si la moda y la contaminación hoy en día va tan rápido como va, es por culpa de esta corporación.
A pesar de que gran parte de la contaminación producida por las empresas de moda se concentra en el transporte aéreo de las mercancías, que acumulan muchos kilómetros desde que se produce la prenda hasta que llega al consumidor final, un estudio de la Organización Public Eye (2020) una organización suiza sin fines de lucro que se enfoca en cuestiones de derechos humanos y sostenibilidad, especialmente en relación con las prácticas empresariales y los impactos ambientales analiza el impacto del transporte de la moda.
“Uno de los protagonistas en esta controversia es Inditex gigante español de la moda propietario de Zara, Pull & Bear o Bershka, entre otros que ha sido señalada en un comunicado de CCC, acusada de contribuir significativamente a las emisiones de gases de efecto invernadero al transportar toneladas de ropa por avión, a pesar de sus objetivos de sostenibilidad”
La creciente demanda del consumidor de recibir sus productos de manera inmediata refleja una expectativa arraigada en la actualidad, tendencia que se confirma con ejemplos recientes, como Pull&Bear marca de Inditex que ahora ofrecen la opción de recoger en menos de cuatro horas un pedido online en su tienda más cercana con la última actualización de su 'app' y el servicio de “Click&Collect”.
Las empresas, lideradas por gigantes como Inditex, deben revisar y redefinir sus estrategias de transporte para garantizar un futuro más verde pues aunque se trata de una práctica extendida entre todas las empresas de moda que no debe recaer solo en el consumidor.
Prácticamente, tendencia hoy, basura mañana.

Paula Guevara, junto a sus trabajadores Sandra Peña y Annderzon Benítez
Foto: Tomada por Juan Carlos Usnas
Cultura Vintage es una tienda de segunda mano que nace gracias a una experiencia inolvidable en Alemania que desencadenó un choque cultural tanto en su fundadora Paula, como en sus clientes. Actualmente, este lugar desafía su longevidad frente a un país como Colombia que no recicla, no usa ropa de segunda, a un país que le hace falta hacer muchas cosas para que sea un país más amigable con el medio ambiente.
Es cierto que hasta un punto se han dado grandes pasos que van desde el promover el uso de prendas de segunda mano, el upcycling que consiste en reciclar ropa usando la creatividad para darle otra forma a un producto que ya no tiene vida útil, con la finalidad de proporcionarle un mayor tiempo de uso y no se convierta en otro producto desechable hasta la incorporación de telas veganas y sustentables en colecciones de marcas pequeñas y grandes casas de moda, todavía falta mucho por recorrer.
"En cultura vintage, la prenda tiene que encontrar al dueño"
Foto: Tomada por Juan Carlos Usnas

Paula Guevara, estudiante de Medicina y fundadora de Cultura Vintage.

Foto: Tomada de Unplash

Foto: Tomada de Unplash
Tienda - Cultura Vintage.
Video: Cortesía Cultura Vintage y Paula Guevara
¿Cómo ha evolucionado en los últimos años la moda sostenible?
En los últimos años, ha sido mayormente en dos sectores, el tecnológico y el cultural.
Los dos están conectados entre sí, sin embargo, culturalmente ya hay personas que sí se enfocan en que las empresas de su alrededor tengan este tipo de reglas dentro de su producción.
Un ejemplo es que en el hoy, están buscando materiales y telas que sean orgánicas como el lino, el cáñamo (fibra extraída de la planta del cannabis) y el tencel, un material sostenible y de origen natural ligado a la celulosa. La moda está en constante cambio y con ello las telas que se usan para fabricar prendas.
Afortunadamente, no solo en cuestión de tendencias, pues la industria se preocupa cada vez más por mejorar sus procesos para lograr que la moda sea sustentable.
¿Por qué darle una segunda oportunidad a la ropa o un segundo uso?
La ropa de segunda no soluciona el problema de base, sigue habiendo mucha ropa y consumo. Si compramos, ya sea de primera o segunda mano, a lo largo del tiempo va a terminar en la basura.
Entonces, ¿Qué podemos hacer?
Alargar el problema, es decir, no generar desprecios a un año, sino intentar rehusar la ropa para que el desperdicio sea en cinco años o en diez años.
¿En qué tenemos que fijarnos a la hora de elegir una prenda?
Lo primero es apoyar el mercado nacional, ya sea para cualquier persona colombiana o del exterior, pensar en comprar ropa producida en Colombia y sus alrededores, en gran parte de los casos va a ser mejor que cualquier prenda que tú compras en una multinacional.
También tenemos que mirar la etiqueta, la etiqueta no miente, comúnmente te dice qué porcentaje de poliéster y algodón tienen, pero, hoy en día hay prendas que en la etiqueta te dicen es algodón orgánico, o es solo el 50 % es orgánico y el resto es material industrial.
Lamentablemente, la mayoría de prendas dicen dónde están hechas, por ende vemos etiquetas como “Hecho en China o Made in China, Vietnam, Indonesia, Bangladesh ” países que manejan un salario de mano de obra excesivamente bajo y una cifra de explotación laboral con pésimas condiciones de salud.
Un ejemplo por nombrar es el caso de la tragedia de Bangladesh que destapó los talleres de miseria a nombre de la famosa marca de Zara con el derrumbe de un edificio que albergaba cinco talleres de confección, acabando con la vida de al menos 300 personas y causó unos 1.000 heridos.
Sus trabajadores cobraban 28 euros al mes, incluso a pesar de las grietas y las condiciones arquitectónicas, se les pidió que acudieran a trabajar.
¿Cómo se posiciona el mercado de segunda mano en la industria colombiana?
Por ahora existe mucha fuerza, hay muchas marcas que vienen trabajando con estos desde hace unos de cuatro o cinco años, también marcas fundadoras como: Crepé desde 1993 que ya no existe, el icónico mercado de las pulgas en el centro de Bogotá, Plaza España y Chapinero, gracias a ellas la gente se ha animado a unirse más a esta iniciativa.
Desafortunadamente, la moda sostenible todavía es un mercado que se mantiene en el rango de la informalidad.
Dentro de la industria colombiana, constantemente es una lucha de todos estos emprendedores de ropa de segunda mano a hacer que este mercado se vuelva algo formal, donde tú puedas encontrar grandes empresas que manejan una estructura ya formada, con nóminas, empleados con una experiencia diferente y en últimas, conectar con personas que puedan comenzar a hacer carrera con nosotros y que no se quede solo en la informalidad.
¿Qué desafíos han enfrentado al sostener la moda sostenible en la industria textilera?
El reto más grande ha sido la aceptación de esta idea, la gente piensa que la ropa segunda es para gente pobre, hippies, o minimalistas. Por otro lado, se piensa que la ropa está sucia, que huele feo, que tiene malas energías, así que enfrentar aquellos sesgos a la hora de manejar un emprendimiento de segunda mano es complicado y constantemente uno recibe el rechazo por parte del público.
¿Cuál es tu opinión frente al fast fashion?
Al iniciar este proyecto mi problema o mi competencia más grande a enfrentar sería en ese entonces el ámbito ambiental. Por el contrario, también la lucha es contra empresas que llevan en el mercado mucho tiempo, están sobrevaloradas y todo el mundo las usa.
Prácticamente, Cultura Vintage se convierte en un proceso de conciencia en donde te toca a ti enseñarle a la gente que lo que compra genera esto y genera lo otro.
En lo personal, cambiar tus hábitos implica que a la hora de comprar ya no ves o sientes la necesidad de entrar a una tienda, donde hay mil prendas, en donde sabes que la mitad de ellas no se venden y terminan siendo o generando basura.
Desde Cultura Vintage, ¿Cómo crees que se le puede hacer frente a la problemática del cambio climático?
El reciclaje de la ropa es fundamental. Un ejemplo, Chile le lleva unos pasos más adelante a Colombia con el tema de la ropa de segunda, porque ellos pasaron con una crisis sanitaria muy grande, ellos tienen desechos gigantescos de ropa en donde se estaba quemando la ropa. Fue así que, se tomó la iniciativa de no quemarla, sino que darle una segunda oportunidad, alargando su vida.
Incluso, gracias a esto, se ha comenzado a mover la economía de este país y a la vez disminuyendo el efecto invernadero. En comparación con Colombia, basta vivir con el racionamiento del agua y los cortes de luz, siendo un llamado de atención para todo el mundo aprendiendo de otros países.
De igual modo, aprender a cuidar nuestra ropa, a saber que no todo se puede meter a la lavadora ni a la secadora, que no se puede estar lavando toda la semana la misma prenda, porque tarde o temprano, la tela se va a desgastar, también, ser más conscientes de nuestros hábitos de compra, no irnos a comprar todo porque sí o porque todo está en descuento o en “gangazo” que al final son cosas materiales en las que no tenemos ni el tiempo ni el espacio para utilizar, es por esto que terminamos usando solo el 20% de las prendas de nuestro closet el 80% del tiempo.

Foto: Tomada de Unplash
La moda es expresión, es arte, y para muchos de nosotros, ya sea para comunicar algo sostenible o una crítica a la sociedad o expresarnos de manera artística, la moda siempre ha sido el camino y está muy conectado con todas las ramas del arte, ya sea música, teatro, lo que sea.
Así que hasta este punto podemos decir que, la moda es lenguaje y hace parte de nuestra expresión como personas. En Cultura Vintage intentamos de que aparte de ayudar al medio ambiente, te vayas bien vestido, te sientas bien con lo que compras, te sientas cómodo con lo que vas a usar y en últimas estar seguro de que te va a durar.
